¡Disfrutad el nuevo número de Desafío!http://www.aytopolanco.org/wp-content/uploads/2016/11/DESAFIO-POLANCO-2018.pdf
miércoles, 16 de enero de 2019
lunes, 12 de marzo de 2018
La mujer dentro de la ronda marcera
LA MUJER DENTRO DE LA RONDA MARCERA
por Tino Barrero
Coordinador Cultural y
Director Ronda Marcera de Polanco
Recién salidas las rondas
marceras por las distintas localidades de nuestra región y a las puertas de
celebrase el Día de la Mujer, me
pregunto, una vez más ¿Tiene sentido, hoy en día, la exclusividad sexista de la
“Marzas”?. Las “marzas” son una de las
tradiciones cántabras con mayor clara
connotación machista, debido a la exclusión de la mujer en su ronda.
Los más ortodoxos recurren a leyes no escritas. Nos dice Antonio
Montesinos en su libro Las Marzas: Rituales de
identidad y sociabilidad masculinas.
Editorial Límite 1992, que “La ley y la
costumbre de las marzas no consienten más que a mozos solteros". Con
ello, pone de manifiesto que las costumbres se convierten en leyes, dando paso
al denominado derecho consuetudinario.
Pero, costumbre simplemente es un acto o
serie de actos que se realizan de manera continua en el tiempo y que pueden dejar
de realizarse por causas diversas sin que se caiga en algo ilícito. Las costumbres
quedan sometidas a variables circunstanciales. En el caso que nos concierne de
las “marzas”, sería impensable en el medio rural, durante los siglos XIX y
anteriores, que hombres y mujeres acometiesen roles comunes como es el ensayar y hacer rondas nocturnas cantando marzas. Vamos, totalmente impensable. Se
tendría que esperar más allá de
mediados del siglo XX para sólo
poder imaginarlo.
Otra
cuestión es, ¿qué fin perseguía en su origen
la ronda de marzas?
No sabemos con certeza la
procedencia de las “marzas”, hay quienes las trasladan a la costumbre ancestral
de los antiguos pueblos de la península,
anteriores a la denominación romana, siendo una fiesta propia del primer día
del año que siguiendo el calendario lunar correspondería al 1 de marzo, para
alabanza a la primavera. Así lo confirma el antropólogo Julio Caro Baroja : “Los mozos son los descendientes de los que
en otra época salieron con motivo del comienzo del año ‘Kalendae Martiae’
cantando las ‘martiae’, anunciando la venida del primer mes dedicado a un dios
de la agricultura después de los meses purificadores”
Por lo
tanto, su objetivo es el dar la bienvenida a la primavera a través de cantos por las casas en alabanza a los
vecinos, celebrando el dejar el duro y frío invierno atrás. No existe ninguna reseña que nos pudiese
llevar a considerar la ronda de marza, como ronda de amor o de cortejo. Por
consiguiente, la diferenciación sexual no justifica sesgo alguno para realizar
la ronda.
Otro
mito a desmontar; tanto José Mª de Pereda 1864, en Escenas montañesas, como Amós de Escalante 1871, en Costas y montañas, Demterio Duque y
Merino en 1892 y Antonio Montesinos en 1992, al referirse a la ronda marcera,
hacen mención a una composición de mozos jóvenes. Es entendible; en el medio
rural no es fácil imaginar, tiempo atrás, a un adulto de algarabía, cantando de
casa en casa y acompañado de adolescentes y jóvenes, ya que la distancia intergeneracional ha sido
manifiesta hasta tiempos muy recientes. Hoy en día, salvada ésta en buena
medida y sin que llame la atención a los más puristas, participan en la ronda,
niños, jóvenes y mayores sin que represente dificultad alguna. Al contrario,
supone un instrumento de integración y de control social en el cumplimiento de
los valores e ideales de la comunidad, donde los más jóvenes aprenden de sus
mayores. No olvidemos que si algo es incuestionable a la ronda de marzas, es la
exquisitez en cortesía, respeto y responsabilidad hacia la autoridad, hacia el
vecino, hacia el propio grupo y hacia sí mismo. El ritual consiste en llamar
a la casa, presentación y saludo, pedir
permiso, cantar si se concede, agradecer la dádiva y despedida. También se
refuerzan, tal como nos indica Montesinos, con el ritual petitorio, el sistema
de ayudas y prestaciones mutuas.
Otra
consideración a tener en cuenta; las marzas que han tenido un proceso desigual
en el tiempo, teniendo su periodo de realce y de decadencia, tras la Guerra
Civil sufrieron un apagón en toda la región, va
a ser a partir de mediados de los años cincuenta, cuando a través de
algunas agrupaciones de voces corales, como el Coro Ronda Garcilaso se vuelven
a escuchar los cantos de marzas a través de la radio, pero sin ronda y cantada
a dos o tres voces, cuando tal como nos dejó escrito Duque y Merino en “ Algo
de las marzas” 1892, los cánticos de marza son a una sola voz y sin
acompañamiento de instrumento alguno.
Decía
don Sixto de Córdova y Oña que “quizás las marzas todas de nuestra provincia
fueron inspiradas por la melodía musical que oí en 1878 en el famoso Cumbrales,
donde nació y vivió don José María de Pereda”. Bueno, no sabemos… Lo que sí es
cierto es que en Polanco desde antaño se recuerda el canto de marzas con sus
paréntesis correspondientes. Los más mayores del lugar, nonagenarios hoy,
recuerdan cantar las marzas por el pueblo e ir después a la taberna y con lo
recaudado tomarse unos blancos o mistelas con galletas. En los años 70 un grupo
de jóvenes de ambos sexos, pertenecientes al grupo de danzas hicieron un amago
de cantarlas, sólo salieron un años y
por tres o cuatro casas. Posteriormente,
las niñas del colegio La Milagrosa, salieron
algunos años por el municipio para recaudar dinero para el viaje fin de
estudios. Más tarde, en 1989, desde la Escuela de Adultos municipal, dentro de
la programación pedagógica del área Sociocultural, se contempló la necesidad de
dinamizar social y culturalmente el municipio que presentaba grandes carencias.
Entre las diversas actuaciones estaba la recuperación de tradiciones, dentro de
las cuales estaban el cántico y ronda de marzas. En estas tareas, se tenía muy
claro que cualquier acción dinamizadora y transformadora se debía dar entre
hombres y mujeres, jóvenes y mayores. Por lo cual, en ese año, comenzó la ronda
mixta marcera de Polanco manteniendo continuidad hasta el presente.
Quiero
con esto decir que en Polanco se ha tratado, a través del tiempo, de preservar
la esencia de lo que es la tradición marcera, pero prestando menor atención a
florituras, a la forma, que en mayor o menor grado, todos los grupos marceros
vienen obviando.
Las tradiciones también sufren su evolución, tal
como indica Emma Mª Blanco en su libro “Marzas
tradición viva en Polanco” Edición revisada y ampliada 2015, p.28, donde
preservando el fondo, es decir, lo esencial, cabe – y, a veces, se hace
necesario- que las formas o continentes vayan adaptándose a tiempos actuales,
siendo lo suficiente abiertos como para comprender que ninguna de las formas
adoptadas cambia el contenido del fondo. Si estamos dispuestos a cambiar la
canción a varias voces o introducir mayores con jóvenes y niños, no debemos
presentar estrechez de mira para introducir a la mujer.
Por
fortuna hemos visto como en muchos pueblos y aldeas de Cantabria han resurgido
en los últimos años grupos de rondas marceras mixtas, corrigiéndose
paulatinamente ese lastre de exclusividad sexual que no tiene justificación
alguna excepto una anacrónica estructuración social de base cultural y que paradójicamente
se está dando más en el entorno urbano. La esencia de la marza – que es lo
fundamental- seguirá tal cual: cántico, casa por casa, de alabanza a la
primavera y a los dueños de la casa; en la forma, no solo cantarán niños,
jóvenes y adultos, como ya lo vienen haciendo actualmente, desafiando posturas
recalcitrantes, sino que se incluirán a la mujer sin diferenciación, sin
subordinación real ni simbólica alguna. Con ello ganan las marzas, gana la
sociedad, ganamos todos.
martes, 16 de enero de 2018
REVISTA DESAFÍO
Ya tenemos aquí el nuevo número de la revista Desafio. Si queréis leerla, no tenéis más que acudir a la Biblioteca o bien podéis pinchar en la imagen y leerla on-line.
domingo, 14 de febrero de 2016
miércoles, 16 de septiembre de 2015
JULIO SANZ SÁIZ RECIBE UN MERECIDO HOMENAJE EN
POLANCO
Por Tino Barrero
El ayuntamiento de Polanco ha rendido un pequeño homenaje a Julio Sanz Saiz durante la conmemoración de la fiesta patronal de san Pedro Ad-víncula. Ha sido un evento sencillo, sin boato, pero profundamente sentido; se ha pretendido buscar el efecto sorpresa a sabiendas que, a pesar de los años y de la experiencia Julio aún conserva la maravillosa capacidad de sorprenderse. La alcaldesa, Rosa Díaz, acompañada de la concejala de Cultura, Alicia Martínez y otros miembros de la corporación, le hizo entrega de un escudo de Polanco con una leyenda en la que constata la gran
Un homenaje
sobradamente merecido. La faceta artística y humana de Julio Sanz Saiz se
imbrica de tal manera que ambas salen reforzadas. Desde el punto de vista
artístico, Julio Sanz Saiz representa
uno de los valores más relevantes de la cultura en Cantabria. Todo un artista,
tal cual fuese un vestigio del Renacimiento, tiene tras de sí una extensa obra
tanto escrita, como pictórica y escultórica, la cual, a su vez, en cuanto a su
temática y dimensión, resulta muy versátil. Artista poliédrico, como le
denomina el Grupo Quercus. En muchas ocasiones le he oído autodefinirse artísticamente como “un poeta
que pinta” y ciertamente sus pinturas, sus acuarelas, están cargadas de un
lirismo capaz de evocar sentimientos, emociones y sensaciones poéticas en el
observador. Dentro de la gran variedad temática de su obra, donde más fuerza e
incidencia manifiesta es en aquella que gira en torno a la Naturaleza con la que parece entrar en comunión y de la
que posee una profunda capac
idad de elevación estética, recreándose y
sublimándola, consiguiendo acercarse a ese misticismo que Michel Hulin denomina
“mística salvaje” para diferenciarla del misticismo religioso.
Un valor
añadido a la obra de Julio es que aparte
de tener una funcionalidad estética,- y quizá sin proponérselo- va consiguiendo
una función modeladora de la sensibilidad, creando conciencia ecológica,
haciéndonos concebir una conciencia medioambiental.
Cabe destacar
de la personalidad de Julio, su constancia, su perseverancia y capacidad de
trabajo, probablemente esa sea una de las causas de su extensa obra. Y,
también, junto al amor a la poesía, el mantener durante sesenta y un años consecutivos la denominada “Cena de la poesía” creada por
él; todo un ritual que preside como
anfitrión todas las noches del 21 de marzo. ¡¡Sesenta y un años consecutivos,…
uno tras otro!!. Una cena cuya protagonista es la poesía y lo que se comparte
es generosidad.
Cuánta grandeza
creativa no cabrá en un hombre que tiene palabras para el asubio, hace un poema
a la línea recta o al número tres, que es capaz de ofrecer todo el lirismo a la
malva o el lirio e incluso al lagarto y al milenario roble del Monte Aa; que
nos deja inmortalizados en acuarela los ríos y puentes de Cantabria entre
paisajes maravillosos y sugerentes
La presencia de Julio en Polanco es
esporádica, pero constante en el tiempo. Siempre ante cualquier requerimiento
ha estado ahí y, cuando no, él mismo se ofrece para colaborar en cualquier
actividad de carácter cultural que programemos en el ayuntamiento. Viene
colaborando desde hace catorce años en que se instituyó el Concurso de pintura
nacional al aire libre como jurado del mismo. Colaboró en el exitoso y emotivo
homenaje que el Ayuntamiento, la parroquia y la Asociación
Sociocultural otorgó a los mayores de 90 años del
municipio en aquél año 1992. Años más
tarde fue pregonero de las fiestas patronales y con posteridad ha ofrecido
varios recitales poéticos y exposiciones pictóricas. Ya, con anterioridad,
durante los años 50, visitó multitud de veces Polanco para acompañar y compartir con su amigo Jesús
Cancio, durante las estancias que el Poeta del Mar pasaba en Polanco. En ese
peregrinar le acompañaban otras personalidades del mundo de la cultura como Otero, Mauro Murieras, Laguillo,…
Un homenaje
merecido a un artista polifacético, comprometido, trabajador infatigable. Un
homenaje a una persona que a pesar de sus 87 años aún camina erguida y que bajo
el aparente gesto altanero se esconde
una persona emotivamente sensible que canaliza a través de la pluma y el pincel
esa fuente de emociones y sentimientos que alberga dentro de sí y que
resulta un conversador admirable. Un homenaje merecido a una excelente persona,
generoso y siempre dispuesto sin pedir nada a cambio. Bueno sí, una exigencia,...
la puntualidad…Julio es irreconciliable con la impuntualidad.
Julio, por todo, Polanco te quiere. Te queremos. Ojalá
gocemos por muchos años de tus obras, tu visitas, tus chascarrillos, tu sorna,
simpatía y generosidad. Porque generoso eres a raudales. Y como decía
Aristóteles “ De todas las variedades de virtud, la generosidad es la más
estimada”.
¡ Enhorabuena, maestro!
Tino Barrero
Coordinador Cultural del Ayto. De
Polanco
viernes, 5 de junio de 2015
NUEVO LIBRO SOBRE LAS MARZAS
por Tino Barrero
El ayuntamiento de Polanco con
motivo de la conmemoración del veinticinco aniversario de la recuperación de la
ronda marcera en el municipio que tuvo lugar en 1989, ha sacado a la luz un
nuevo libro "Marzas: tradición viva en Polanco" de la profesora Emma
Mª Blanco Ruiz.
Este libro es una revisión
ampliada de otro, con el mismo nombre, publicado en el 2003 y que sirvió como
base a un trabajo de investigación que la autora realizó para el Departamento de
Historia y Ciencia de la Música de la Universidad de Valladolid.
No es extensa la bibliografía
existente referente al tema de marzas. Sí hay algunos autores que incluyen en
alguna de sus obras un apartado dedicado
a las marzas, tenemos a José Mª de Pereda que en su "Escenas
montañesas" de 1864 incluye La noche
de Navidad donde nos muestra todo el
ritual de una ronda de marza en la Noche Buena. Otro autor es Demetrio Duque y
Merino, folclorista y costumbrista campurriano que escribe en 1891 "
Tonadas de ronda y cantos romeros" que dedica un apartado al tema de las
marzas. D. Sixto Córdova y Oña en su tomo IV del "Cancionero popular de la
provincia de Santander" (1955) dedica otro apartado dedicado a las marzas.
Amos Escalante, Menéndez Pelayo y algunos otros autores ilustres de nuestra
región hacen alguna referencia a esta costumbre tan nuestra de rondar y cantar
las marzas.
Sin embargo, libros dedicados exclusivamente a la temática
de marzas no abundan. Uno, del Coro Ronda Garcilaso en 1955, titulado "Las
Marzas" publicado tras el eco entusiasmado que despertó una emisión
radiofónica en radio Torrelavega en febrero de 1955 sobre las tradicionales
marzas. Otro autor es el etnógrafo Antonio
Montesinos que en 1992 publicó "Marzas rituales de identidad y
sociabilidad masculinas". Y ya en
2003 tenemos la 1ª edición del libro de Emma Mª Blanco Ruíz: " Marzas:
tradición viva en Polanco" en el que hace un recorrido por los orígenes de
las marzas en Cantabria, en cómo se iniciaron en Polanco, así como el repertorio
y rituales que conlleva la ronda, dejando un apartado para las marzas fuera de
Cantabria. A éste, tenemos que añadir la nueva revisión y ampliación sacada en
nueva edición de 2015 "Marzas: tradición viva en Polanco". En esta
nueva edición el lector o investigador, que busque referencias sobre estos
cantos, rondas y costumbres tan nuestros que forman parte de nuestro patrimonio
cultural más íntimo, puede satisfacer buena parte de sus exigencias y llegar a
conocer sus cantos, lo que es y
significa una ronda marcera en el medio rural como compendio de actitudes y
comportamientos que le confieren grandes valores como compañerismo,
perseverancia, generosidad, responsabilidad, capacidad de sacrificio y respeto
ya que con fecha fija y sometidos a cualquier inclemencia del tiempo, pues en
general y particularmente en Polanco se mantiene el compromiso de patear calle
a calle, barrio a barrio, saludando cortésmente al vecino y compartiendo con él
la alegría del advenimiento de la primavera e ir dejando atrás el duro
invierno. Este nueva edición comienza a editarse coincidiendo- además de con el
veinticinco aniversario de la recuperación de la ronda marcera en Polanco- con
la declaración de las Marzas como Bien de Interés cultural por parte del
Gobierno de Cantabria.
jueves, 24 de julio de 2014
Las Marzas, Bien de Interés Cultural
LAS MARZAS EN VALOR AL SER DECLARADAS BIC. TODO UN ACIERTO.
Comienza el ritual con cierta solemnidad - que contrasta con la sobriedad de su vestimenta y la sencillez de sus canciones cantada a una sola voz-, solicitando licencia a la autoridad municipal para iniciar la ronda. Después, una vez concedida ésta, con toda cortesía los marceros se dirigen a la casa del vecino a quién saludan con expresiones diversas, pero siempre respetuosas y piden permiso para cantar a la voz de "cantamos, rezamos o nos vamos". Si los moradores mandan cantar, se comienza ensalzando la tradición marcera; se da la bienvenida a marzo; se hace petición de aguinaldo y con toda la cortesía, en muestras de agradecimiento, se alaba a los moradores de la casa: " A los de esta casa Dios les dé victoria, en la tierra gracia y en el cielo gloria...", para posteriormente despedirse con el: "Adiós hasta el otro año, hasta el año venidero, si Dios nos da salud, a cantarlas volveremos".
A todo este ritual cortés de la ronda, otros valores caben añadir.
Los de Polanco- supongo que la mayoría de las rondas-, todo último día de febrero y primero de marzo hemos salido, sin excepción, de ronda por el municipio. Llueva, granice, nieve o haga frío, siempre hemos acudido a nuestra cita. Nunca hemos sucumbido al desaliento por las inclemencias meteorológicas o cualquier otra causa y siempre hemos permanecido fieles al compromiso de acudir a rondar entonando las marzas.
De ahí que valores como el compromiso, perseverancia, responsabilidad, generosidad y capacidad de sacrificio deben sumarse a la actitud cortés , gallarda y sobria de la ronda marcera. Todo ello confiere a la Marza una concepción holística que va mucho más allá de la suma de actos que componen el ritual y de las definiciones que a la marza habitualmente se ofrecen, lo que la otorga ese carácter singular, compendio de recios, nobles y generosos valores que enarbolan el concepto de hidalguía atribuido al carácter cántabro y montañés.
Por ello, podemos decir que "ser marcero imprime carácter". Ser marcero marca un estilo, una manera de ser y de estar ante los otros.
Un acierto del Gobierno de Cantabria al considerar la inclusión de marza como BIC, como valor a preservar y difundir. Ánimo, a todos esos marceros que el último día de febrero surcan calles, plazas y callejas entonando "las marzas", como las cantaban sus padres y abuelos... Estamos de enhorabuena.
Tino Barrero
MARCERO MAYOR
Y PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN SOCIOCULTURAL POLANCO
Las marzas, los bolos y rabel han sido considerados por el Gobierno de Cantabria, Bien de Interés Cultural Inmaterial. Buena elección la de estas tres manifestaciones culturales que, sin duda, contribuyen a afirmar nuestra identidad como región. Nadie puede dudar que los bolos
son nuestro deporte vernáculo por excelencia; o el arraigo del rabel como instrumento musical que para sólo o acompañando a coplillas se implantan en lo más profundo de nuestro folclore. También, las marzas profundamente enraizadas en nuestra región y cuyo significado trascienden más allá de ser unos cantos, aplicadas a una fecha determinada o por su acción petitoria. Las tres manifestaciones forman parte de nuestro patrimonio etnográfico más arraigado.
Para conmemorar dicha Declaración, la Consejería de Cultura organizó una gala en el Palacio Festivales, sobre estas tres manifestaciones culturales, haciendo un recorrido por cada uno de los nuevos BIC.
Pareciéndome todas interesantes, por ser "marcero", voy a centrarme en la Sección MARZAS. Los Marceros de Polanco tuvimos el honor de compartir escenario y representación con otros dos grupos de exquisita categoría: la Asociación Ronda Marcera de Torrelavega, agrupación numerosa, compuesta por miembros de varias grupos corales de la capital del Besaya y el Coro Ronda Altamira, veterana y afamada agrupación coral de la capital cántabra. Nosotros, los Marceros de Polanco, somos un grupo de vecinos que nos reunimos únicamente para cantar marzas el último día de febrero y primero de marzo e ir de ronda, casa a casa, por todo el municipio; suponemos, preservar la esencia rural de la tradición marcera.
Cuando comenzamos a recuperar la ronda- hizo 25 años en febrero- no llegábamos a pensar, ni por asomo, la expansión, repercusión y trascendencia que han llegado a tener las marzas en la región. Nosotros, pretendimos retomar una tradición que conocíamos sólo por oídas de nuestros mayores y cuyas canciones habíamos escuchado a través de la radio, cantadas por el Coro Ronda Garcilaso; alguno, la había escuchado a las niñas del Colegio La Milagrosa que las cantaron en alguna ocasión.
Pronto comprobamos que las "marzas", dentro de nuestro patrimonio cultural, era quien mejor reflejaba el carácter de los hombres y mujeres de nuestra región, tantas veces descrito por diversos autores.
Entre estos autores se encuentra don Sixto de Córdova y Oña, en su tomo IV del "Cancionero popular de la provincia de Santander", hace una descripción del carácter de los polanquinos . Escribía don Sixto que: " Polanco era un pueblo robusto de cuerpo y alma, religioso y noble; muy sobrio, aunque era rico por su labranza, sus montes a la sazón bien poblados, su ría y su honroso amor al trabajo. Por eso los de Polanco, cantaban, como escribe Pereda "siempre y en todas partes"."
Otros autores han aludido a la nobleza e hidalguía de los pobladores montañeses.
Pues bien, el ritual de la "Marza", es un compendio de actos y actitudes que pone de manifiesto esta gallardía, hidalguía y nobleza de los marceros.
En principio, la marza consiste en dar la bienvenida a la primavera, una alabanza al resurgir y explosión de la naturaleza, con todo lo que eso supone como valor. Y cuya alegría se desea compartir con el resto de vecinos.Comienza el ritual con cierta solemnidad - que contrasta con la sobriedad de su vestimenta y la sencillez de sus canciones cantada a una sola voz-, solicitando licencia a la autoridad municipal para iniciar la ronda. Después, una vez concedida ésta, con toda cortesía los marceros se dirigen a la casa del vecino a quién saludan con expresiones diversas, pero siempre respetuosas y piden permiso para cantar a la voz de "cantamos, rezamos o nos vamos". Si los moradores mandan cantar, se comienza ensalzando la tradición marcera; se da la bienvenida a marzo; se hace petición de aguinaldo y con toda la cortesía, en muestras de agradecimiento, se alaba a los moradores de la casa: " A los de esta casa Dios les dé victoria, en la tierra gracia y en el cielo gloria...", para posteriormente despedirse con el: "Adiós hasta el otro año, hasta el año venidero, si Dios nos da salud, a cantarlas volveremos".
A todo este ritual cortés de la ronda, otros valores caben añadir.
Los de Polanco- supongo que la mayoría de las rondas-, todo último día de febrero y primero de marzo hemos salido, sin excepción, de ronda por el municipio. Llueva, granice, nieve o haga frío, siempre hemos acudido a nuestra cita. Nunca hemos sucumbido al desaliento por las inclemencias meteorológicas o cualquier otra causa y siempre hemos permanecido fieles al compromiso de acudir a rondar entonando las marzas.
De ahí que valores como el compromiso, perseverancia, responsabilidad, generosidad y capacidad de sacrificio deben sumarse a la actitud cortés , gallarda y sobria de la ronda marcera. Todo ello confiere a la Marza una concepción holística que va mucho más allá de la suma de actos que componen el ritual y de las definiciones que a la marza habitualmente se ofrecen, lo que la otorga ese carácter singular, compendio de recios, nobles y generosos valores que enarbolan el concepto de hidalguía atribuido al carácter cántabro y montañés.
Por ello, podemos decir que "ser marcero imprime carácter". Ser marcero marca un estilo, una manera de ser y de estar ante los otros.
Un acierto del Gobierno de Cantabria al considerar la inclusión de marza como BIC, como valor a preservar y difundir. Ánimo, a todos esos marceros que el último día de febrero surcan calles, plazas y callejas entonando "las marzas", como las cantaban sus padres y abuelos... Estamos de enhorabuena.
Tino Barrero
MARCERO MAYOR
Y PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN SOCIOCULTURAL POLANCO
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