sábado, 7 de marzo de 2026


 


LAS MARZAS: Cantamos, rezamos o nos vamos...

                                                                                                                Tino Barrero.

https://eldiariocantabria.publico.es/opinion/tino-barrero/cantamos-rezamos-nos-vamos/20260225211336189114.html


Va despidiéndose febrero y, mientras el invierno apura sus últimos días, los marceros o marzantes -que indistintamente se denominan- afinan ya los preparativos: pañuelo al cuello, gorra bien calada y vara en la mano. Desde semanas atrás resuenan los ensayos: voces que se calientan, armonías que se ajustan, coplas que se repasan hasta que el repertorio cobra cuerpo y memoria.

Cuando el calendario marca la última noche de febrero y amanece el primero de marzo, se renueva el ritual. Las cuadrillas salen de ronda por calles y barrios entonando las marzas, cantos petitorios que anuncian la inminente llegada de la primavera. Son una llamada al buen tiempo, a la luz que regresa, a la tierra que despierta.

La tradición hunde sus raíces en un pasado remoto. Algunos estudios la sitúan en épocas prerromanas y le atribuyen ascendencia celta, vinculada a la celebración de los ciclos de la naturaleza y al renacer del campo. Con el paso de los siglos, aquella costumbre pagana se impregnó de influencia cristiana. De ahí que ciertas marzas -como Los Sacramentos o Los Mandamientos de amor- presenten un marcado carácter religioso, perceptible también en muchos versos de agradecimiento y despedida.

La reforma del calendario juliano, que incorporó los meses de enero y febrero, junto con esa impronta religiosa, pudo propiciar que en algunos lugares las marzas pasaran a cantarse en Navidad, Año Nuevo o Reyes. Esta variante arraigó especialmente en el norte peninsular, en Cantabria y el norte de Burgos. Sin embargo, como señalan Duque y Merino, las auténticas marzas son las que se entonan en la última noche de febrero: aunque todas comparten su carácter petitorio, los cantos navideños pertenecen al ámbito del villancico y los donativos recibidos son propiamente aguinaldos.

Las referencias escritas más recientes se remontan al siglo XIX. Autores como José María de Pereda y Amós de Escalante describieron escenas de rondas, especialmente las celebradas en Nochebuena. Con todo, si durante años la costumbre de cantarlas en Navidad o incluso en Cuaresma estuvo extendida, hoy la tradición se ha replegado a su fecha más genuina: la última noche de febrero y el primero de marzo, cuando la voz colectiva vuelve a abrir la puerta vista a la primavera.

Esta longeva tradición sufrió un paréntesis a partir del primer tercio del siglo XX, con motivo de la Guerra Civil y la posterior etapa franquista. Su canto persistió gracias a agrupaciones como el Coro Ronda Garcilaso y el Coro Ronda Altamira, así como a algunos grupos campurrianos que actuaron en escenarios o a través de la radio, pero la ronda callejera decayó casi por completo. Fue recuperada a finales de la década de 1980 y hoy la interpretan hombres y mujeres de todas las edades. Ataviados con boina y pañuelo, distribuyen entre sus miembros distintos papeles: bolsero, cestero, faroleros, campaneros o botero, figuras casi imprescindibles en cada ronda.

Pese a su estructura organizada y a la existencia de repertorios consolidados, la investigadora Enma M.ª Blanco Ruiz -autora que ha estudiado las marzas de Polanco- no las considera un espectáculo, sino un ejemplo claro de “endofolklorismo”, es decir, una manifestación cultural orientada al redescubrimiento y reafirmación de las propias raíces comunitarias. Se diferencian así de corales y orfeones que apuestan por versiones polifónicas y puestas en escena más elaboradas, con fines principalmente artísticos.

Lo que no se puede negar a las marzas es su carácter cortés y noble. Antes de comenzar la ronda se pide licencia a la autoridad y, una vez concedida, los marceros recorren calles y barrios. Se acercan a las viviendas con cortesía y respeto, llamando y pronunciando la fórmula tradicional: “Cantamos, rezamos o nos vamos”. Tras el canto y el recibimiento del “dao” -que son los donativos u obsequios que entrega el dueño de la casa a los marceros- entonan el agradecimiento a sus habitantes y, posteriormente, la despedida. No obstante, el grupo marcero también reserva un canto para aquel vecino mal encarado que los recibe con desagrado o tiene fama de tacaño: la marza Rutona, cargada de tono satírico e irónico. En realidad, esta marza no suele cantarse a ningún vecino en concreto, pero sí se interpreta como representación, formando entonces, ahora sí, parte del espectáculo.

Su profundo arraigo ha merecido también reconocimiento institucional. Las marzas, junto al rabel y los bolos, han sido declaradas Bien de Interés Cultural Inmaterial con el propósito de protegerlas, apoyarlas y garantizar su continuidad como patrimonio vivo. En el acto de declaración participaron, en representación de las marzas, la Ronda Marcera de Torrelavega, el Coro Ronda Altamira y la Ronda Marcera de Polanco representando al ámbito rural que ese año cumplía el veinticinco aniversario de su puesta en escena.

Hoy el reto no es otro que procurar su pervivencia: que sigan resonando en calles y plazas y permanezcan vivas en el imaginario colectivo como anuncio festivo de la primavera y símbolo de identidad compartida entre los pueblos cántabros.



Al haber caído el  último día de febrero en sábado, la licencia se ha pedido al cura que nos esperaba en la ermita de San Roque en Posadillo, de donde la ronda ha partido por los diversos barrios del municipio.

DÍA 28 DE FEBRERO (Sábado): A las 19,20 horas, se pide licencia al Sr. Cura en la ermita de San Roque en Posadillo. Recibida la licencia se recorrerá Polanco y Rinconeda.

DÍA 1 DE MARZO (Domingo): A partir de las 19,30 horas la ronda marcera actuará en Soña, Rumoroso, Mar y Requejada.







Marza " Ha venido marzo"

Marza "A cantaros"





EL CONVENTO DE  LA MILAGROSA SIEMPRE FUE PLAZA DE OBLIGADO DESEO EL  CANTAR UNAS MARZAS.

36 años consecutivos parando a saludar y cantar unas marzas a las monjas del Colegio La Milagrosa de Polanco. Una parada muy grata dentro de la ronda: atemperábamos el frío, éramos recibidos con amabilidad, la acústica resultaba mejor que en la calle... Y nos era grato aprovechar para saludarlas.

36 años, año tras año, son muchos años. A todos los marceros que han ido pasando en las sucesivas rondas, les ha quedado un grato recuerdo. Sin duda alguna, las echaremos en falta... Ya las estamos echando en falta.

Paradójicamente, por la complicidad existente, ha sido el colegio uno de los poquísimos lugares donde hemos cantado la Rutona, conscientes de que se lo sabían tomar a bien.


                                                               Marza Rutona




martes, 30 de diciembre de 2025

 


GRAN ÉXITO EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO "EL DESAFÍO DE LA CASA DEL SOL NACIENTE"


Un libro que marca una etapa singular de la historia local polanquina: un tercio de siglo, tendido como un puente  entre los últimos resplandores del XX y las primeras luces del XXI.

Una obra que roza el ensayo. Pero que es, sobre todo, como una crónica testimonial, como memoria que se pronuncia y  se salva.

En el territorio educativo, la Escuela de Adultos emergió  como una promesa plenamente cumplida: una iniciativa nueva, audaz y revulsiva que abrió caminos donde antes no los había.

El libro se acompaña de las primeras revistas “Desafío” elaboradas de manera artesanal, muy naif, con un carácter ingenuo. Editadas desde la propia Escuela de Adultos con fines didácticos y que observando hoy en retrospectiva constituyen son una auténtica  crónica del municipio de Polanco y sus gentes.

Con este libro, la Escuela de Adultos polanquina queda recogida en testimonio escrito, negro sobre blanco, para que su existencia y su legado no se pierdan ni caigan en el olvido. Fue, sin duda, uno de los hitos más significativos de nuestra historia municipal: el broche con el que se cerró el siglo XX y, al mismo tiempo, el impulso ilusionante con el que comenzaron las primeras décadas del siglo XXI. Un auténtico revulsivo social, cultural y educativo que dejó una huella profunda en la vida del municipio.

En la presentación del libro, cuyo título ya invita a la metáfora, me acompañaron muchos vecinos y vecinas, a quienes desde aquí reitero mi más  sincero agradecimiento. La presentación la hizo Laura Ruíz Rivas, compañera, colega, amiga y también vecina, y la parte musical, inspirada en la mítica La casa del sol naciente de The Animals, corrió a cargo del dúo Los Cuates.

La portada del libro es una pintura de nuestra excelente artista y vecina Eva Palacios; siendo la fotografía de la contraportada realizada por  otro vecino, Marcelino Álvarez Teruel. La edición ha sido cosa de la editorial Los Cántabros, dirigida por el vecino Carlos Gustavo Alutiz. Vamos, que todo queda en casa.

Y no es casualidad: desde el principio, el proyecto ha querido apoyarse en la gente del barrio, poner en valor lo que ya tenemos y activar nuestros propios recursos. En el camino, se ha ido tejiendo algo tan importante como la cohesión social y la fe en la formación y motivación de logro.














jueves, 11 de diciembre de 2025

 III EDICIÓN DEL CONCURSO DE RELATOS CORTOS

“TREMERUCO – GEOPARQUE COSTA QUEBRADA”

Tema de este año: “La infancia en la prehistoria de Costa Quebrada”

 


BASES DEL CONCURSO


 El Concurso tiene como objetivo divulgar y poner en valor la belleza de Costa

Quebrada, orgullo y joya del patrimonio natural de nuestra región, reconocido como

Geoparque Mundial de la Unesco en abril de 2025. En su singular paisaje han de volar las

musas, con intención de estimular la imaginación, la expresión escrita y la colaboración

dentro el aula de cuantos escolares deseen participar.

Invitamos a la comunidad educativa a desatar los vientos de la curiosidad, la

investigación y el trabajo en equipo de su alumnado, para que cada escritor ice las velas

buscando la mejor historia que contar. El ganador logrará un botín para toda su aula.

El Concurso está organizado por la Asociación Sociocultural Polanco y cuenta con la

colaboración del Geoparque Costa Quebrada y la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de

Polanco.


BASES:

1.       Participantes: alumnado de Educación Primaria.

2.       Dos niveles. Nivel 1: de 6 a 8 años; Nivel 2: 9 a 12 años

3.       Idioma: castellano

4.       Tema: “La infancia en la prehistoria de Costa Quebrada”

Los cuentos aludirán a algún lugar del entorno de Costa Quebrada en la Prehistoria,

desde el punto de vista o tomando como protagonista a un niño/a. Pueden ser fantásticos,

realistas, de humor, policiacos, románticos o de cualquier género que te inspire ese entorno

maravilloso.

5.       Han de ser originales y no publicados o premiados anteriormente, ni estar

pendientes de resolución en cualquier otro concurso.

6.       Escritos en formato Word, con un mínimo de dos páginas y un máximo de cuatro,

por una cara y a doble espacio (Interlineado doble) y letra Arial/Times New Roman de 12p.

Márgenes laterales, superior e inferior de 2 cm. En el encabezado aparecerá el título del

cuento y un pseudónimo. Nunca, el nombre del autor.

7.       Cada alumno podrá presentar un único trabajo.

8.       Las obras se presentarán, bajo el sistema de plica, por correo electrónico a la

siguiente dirección:


Asociacionsocioculturalpolanco@gmail.coma

9. SISTEMA DE PLICA:


En el asunto del mensaje se especificará “Concurso de cuentos” y la modalidad a la

que se presenta: “Concurso de cuentos Nivel I” o “Concurso de cuentos Nivel II”

Para asegurar el anonimato del autor, se deberá adjuntar dos ficheros: uno, con el cuento

con título y seudónimo. Y otro, con la plica conteniendo los datos del autor, del siguiente

modo:

-Un archivo con el CUENTO en su interior, con título y pseudónimo, que también

aparecerán en la denominación del archivo. El nombre del archivo tendrá el siguiente

formato: 1-Modalidad-Título del cuento-pseudónimo. El contenido del archivo, en

formato Word, se ajustará a las normas de formato y extensión explicadas en el punto 6.

-Otro archivo con la PLICA. El nombre de archivo: 2-PLICA-título del cuento-

seudónimo. En su interior, un documento Word encabezado nuevamente por el título y

pseudónimo, para concretar a continuación los datos del autor:

Nombre y apellidos, edad

Colegio, curso y aula

Domicilio

E-mail y teléfono de contacto

10. Fechas de presentación: las obras podrán presentarse del 16 de enero al 31 de marzo

de 2026.

11. El Jurado estará compuesto por miembros de la entidad organizadora y

colaboradoras del concurso.

12. Premios: Se fomenta la colaboración y el trabajo en grupo. Por eso, el ganador será

reconocido con un diploma y logrará un premio para toda su clase:

Nivel I: “Un día en el Geoparque Costa Quebrada”. Excursión para toda la clase, conociendo

Costa Quebrada; trofeo de El Tremeruco y diploma para el ganador.

Nivel II: “Un día en un Geoparque”. Excursión para toda la clase para conocer otro de

los Geoparques de la Red Española de Geoparques; trofeo de El Tremeruco y diploma para

el ganador.

13.   La entrega de premios tendrá lugar el día 27 de mayo (miércoles), a las 18

horas en la biblioteca municipal “José Mª de Pereda” de Polanco.



                                                     

martes, 9 de septiembre de 2025

 


ADIÓS A  LAS MONJAS DE POLANCO.

                                                                                                       Por Tino Barrero.

Se marchan las monjas de Polanco. Su partida dejará un profundo vacío en el alma del pueblo, no en vano han estado presentes durante más de 120 años, creando vínculos que van más allá de la enseñanza. El Colegio La Milagrosa, toda una institución, ha contribuido de forma decisiva a forjar la identidad local, siendo sus monjas parte del paisaje humano, parte del “paisanaje”.

                                                         Colegio La Milagrosa

Las primeras Hermanas llegaron a Polanco en septiembre de 1903, para hacerse cargo de una escuela de niñas fundada muchos años antes bajo el patronato familiar del insigne novelista polanquino José María de Pereda. La modesta escuela, habilitada también como residencia para las tres primeras religiosas, ofrecía enseñanza gratuita a muchas niñas, algunas de las cuales, por carecer de medios o vivir lejos del colegio, también recibían allí la comida diaria.

Gracias a una generosa herencia recibida del polanquino Mateo Gómez Menocal (1817-1900), quien hizo fortuna en Guatemala y cuyos restos descansan en el baptisterio de la capilla del colegio, se pudieron acometer ampliaciones: se construyeron nuevas aulas, una residencia para las religiosas y, en 1912, la capilla. El creciente número de alumnas motivó la llegada de nuevas hermanas, y la escuela pasó a denominarse Escuela de la Milagrosa.

El 1 de octubre de 1913, según me anota sor Manuela, la Visitadora Sor Josefa Bengoechea, el director Padre Eladio Arnaiz y José María de Pereda (hijo del novelista), como patrón, firmaron un nuevo contrato por el cual seis Hijas de la Caridad se hacían cargo de la dirección del colegio, bajo la advocación de la Virgen Milagrosa, en su labor moral e intelectual.

En 1924, los hijos del escritor constituyeron la Fundación Benéfico-Docente "Colegio de la Milagrosa", siendo su primer patrón Don Vicente de Pereda de la Revilla. A su fallecimiento, la responsabilidad pasó a su hijo, Luis Pereda Torres Quevedo, quien finalmente donó la Fundación a la Comunidad, con autorización del Ministerio de Educación el 7 de noviembre de 1951.

El colegio siguió creciendo. En 1957, ante el notable aumento de matrícula, se construyó una nave de dos plantas para mejorar la atención a las alumnas y acoger a numerosas internas. En ese momento, la comunidad religiosa contaba con 10 Hermanas y el colegio albergaba a unas 400 niñas, internas y externas.

En 1977, se construyó un pabellón cubierto que, además de proteger a las alumnas de la lluvia durante los recreos, servía como espacio para las clases de gimnasia y diversas actividades culturales. Aquel salón amplio, con su escenario, dio mucho juego a lo largo de los años. En 1979, desapareció el internado. Hasta bien entrada la década de los 70, fue un centro exclusivamente femenino: los niños solo podían asistir hasta hacer la Primera Comunión, a los siete años. El colegio, bajo Concierto Educativo con el Estado, continúa hoy su labor docente con Educación Infantil y Primaria.

Pero más allá de la educación, las monjas han estado profundamente imbricadas en la vida social del pueblo. Nunca vivieron apartadas; conocían a sus vecinos y eran conocidas por ellos. Participaron activamente en la vida cultural del municipio: prestaron sus instalaciones para representaciones teatrales organizadas por el ayuntamiento y la Obra Social de la  Caja de Ahorros de Cantabria, ofrecieron su salón de actos al Consejo de la Tercera Edad cuando este carecía de un local adecuado, colaboraron con la Asociación Sociocultural de Polanco cediendo espacios para vestuario, maquillaje y salida de la Cabalgata de Reyes, y permitieron el uso de sus pistas deportivas fuera del horario escolar. Año tras año, han venido recibiendo con alegría a la Ronda Marcera.

Tampoco olvidaremos su solidaridad en las inundaciones de 1983 y 1986, cuando prestaron su ayuda desinteresada a las familias afectadas.

Por sus aulas han pasado generaciones de polanquinas y polanquinos. Muchos de nosotros guardamos recuerdos entrañables de aquellos primeros años de infancia: La pizarra, el pizarrín, el babi negro, el cuello de plástico que apretaba el gaznate… Yo, personalmente, no puedo olvidar a Sor Juana Oliva, mi maestra, entre los 5 y 7 años. Tenía ya unos 75 años, siempre con una toquilla sobre los hombros y el característico cornette de las Hijas de la Caridad, mirando por encima de las gafas que descansaban sobre la punta de su nariz. Fue una de las primeras hermanas que llegaron al colegio, donde falleció en 1970, a los 85 años. También Sor Encarnación Ferradán, de edad similar, con serenidad, cariño y sensibilidad me enseñó a escribir en las ausencias de Sor Juana. Ambas dedicaron su vida entera a la enseñanza, con una paciencia y un cariño que nunca olvidaré.

A pesar del elevado número de alumnos por aula, muchos de nosotros aprendimos a leer, escribir con soltura y dominar las cuatro operaciones básicas. Recibíamos dulces, caramelos, y el llamado "pan de ángel", restos de las obleas para la misa. Aquellos pequeños gestos contenían una inmensa ternura.


                                                                      Las últimas siete Hermanas de la Caridad  en la misa de despedida el 7 septiembre 
                                                        Sor Mari Luz (superiora), Sor Neluca, sor Margarita,  Sor Puri, Sor Isabel, Sor Vicente y Sor Adelaida.

Hoy, al anunciarse su marcha, sentimos un profundo agradecimiento y una honda nostalgia. Las monjas han sido historia viva de Polanco. Se las echará de menos, se las recordará con cariño, y su huella quedará para siempre en la memoria colectiva del pueblo.

lunes, 16 de junio de 2025

 


  RECORDANDO A DON VICENTE PEREDA Y REVILLA.


Este mes de mayo se cumple el setenta y cinco aniversario del fallecimiento de don Vicente Pereda y Revilla, hijo menor de nuestro ilustre novelista José María de Pereda.  A pesar de vivir bajo la prolongada sombra literaria de su padre, don Vicente fue también un autor prolífico que cultivó diversos géneros: novela, ensayo, teatro e incluso poesía. Su obra, aunque menos conocida, merece un lugar en la memoria literaria de Cantabria.

La efeméride ha sido recordada por la Sociedad Cántabra de Escritores (SCE), que, con motivo del Día de las Letras Cántabras -celebrado el 19 de febrero, fecha elegida por coincidir con la festividad del santo Beato de Liébana, considerado el primer escritor cántabro documentado-, aprovecha esta ocasión para rescatar del olvido a escritores vinculados a Cantabria que han contribuido al desarrollo cultural de la región. Esta labor de recuperación se centra en autores cuya efeméride se corresponda con múltiplos de veinticinco años (25, 50, 75, 100, etc.).

Cada año, la SCE realiza un extenso homenaje a estas personalidades de las letras, ofreciendo un compendio de su vida y obra, así como una lectura pública de algún texto seleccionado. Tuve el honor de ser invitado por la SCE -bajo la delegación de su nieto, José María- para representar a don Vicente Pereda, leyendo un texto de una de sus obras. Escogí el extracto II “Las campanas del destino”, de su obra Arco Iris. Otra opción disponible era leer un fragmento de su obra Cantabria, considerada la primera novela histórica sobre las Guerras Cántabras.

D. Vicente de Pereda nace en Santander en 1881. Fue el menor de siete hermanos; creció entre Polanco y Santander, al igual que había vivido su padre. En palabras de D. Sixto Córdova y Oña que cita la redondilla que  Sinesio Delgado escribió en el semanario el “Madrid Cómico”, refiriéndose a J.Mª de Pereda:

                               “Montañés sencillo y franco

                               que no cesa de correr

                               de Polanco a Santander

                               de Santander a Polanco”

D. Vicente Pereda estudió bachiller en Santander y derecho en Deusto, aunque nunca ejerció la abogacía. Se casó con Joaquina Torres Quevedo Allport, sobrina del ingeniero  e inventor, con quien tuvo nueve hijos. Siempre estuvo vinculado a Polanco, donde en 1913 reformó la casa  familiar, en la que había nacido su padre, y que utilizó como residencia. A mediados de los años veinte, la familia estableció su residencia en Madrid, aunque frecuentemente continuaban viniendo a Polanco. En Madrid hizo amistad con muchos escritores,  la mayoría conocidos en las tertulias que frecuentaba en el Ateneo, aunque muchos otros los conoció gracias a la amistad que mantenían con su padre.

Tanto en Madrid como en Polanco continuó su labor literaria que, como expuse anteriormente, fue muy extensa y variada. Dicha actividad literaria la abandonó tras la Guerra Civil, al perder en ella a su hijo José María.

Don Vicente falleció el 29 de mayo de 1950, cuando, al parecer, se encontraba preparando el viaje a Polanco para pasar aquí el periodo estival. Serán sus hijas quienes continúen con la tradición familiar de acercarse a la casa solariega de Polanco a lo largo del año, especialmente durante el verano.

Personalmente, no llegué a conocer a sus hijos varones -José María, Luis y Juan-, quienes fallecieron a edades tempranas, ni a su hija Sol, casada con el capitán y abogado Felipe García-Mauriño, que se exiliaron en México tras la Guerra Civil.

Sí tuve la fortuna de conocer al resto de sus hijas: María Fernanda, María Dolores, Ana, Isabel y MariCruz. Todas ellas fueron asiduas visitantes y muy vinculadas a Polanco, donde gozaron de gran simpatía entre el vecindario por su amabilidad, cordialidad y filantropía.

Solían venir acompañadas habitualmente por su prima María Teresa Rivero Pereda, “Tea”, hija de Enrique Rivero y de María, la única hija que tuvo José María de Pereda.

MariCruz, la menor de las hermanas, falleció en 2006, cuando conmemorábamos el centenario del fallecimiento de su abuelo. Nos dejó como legado la letra del Himno a Polanco, cuya música fue compuesta por Federico Ceballos Horna.

Su vida y obra nos muestran a un hombre sensible, cultivado y profundamente marcado por su entorno familiar y por los acontecimientos históricos de su tiempo. Además de su legado  literario, nos dejó muestra de su interés social y su inclinación por la naturaleza. En 1904 creó el Sindicato Agrícola de Polanco, construyéndose su sede en el lugar actual del  barrio El Hondal, en 1911, siendo su primer presidente. Este hecho da cuenta de su carácter emprendedor y de su voluntad de mejora para el mundo agrario En 1930 con la publicación de  su libro Cotos forestales de previsión expresó sus inquietudes sociales y agrícolas y su deseo de promover la repoblación forestal.

En el ámbito literario, fue un autor sumamente prolífico, con una producción marcada por una diversidad temática que abarca desde la autobiografía hasta el ensayo social y filosófico, pasando por la poesía y la narrativa. Entre alguna de sus obras más destacadas se encuentra 50, un texto de carácter autobiográfico en el que se refleja su visión íntima de la vida y su evolución personal. Otras obras relevantes dentro de su producción incluyen Sociología y Cristianismo, donde examina la relación entre los valores religiosos y la estructura social; La vejez, ensayo reflexivo sobre la última etapa de la vida y el Viejo poema, una emotiva composición dedicada a su padre. Asimismo, abordó temáticas diversas en títulos como Esqueletos de oro, centrado en el mundo de la diplomacia; La Hidalga fea y Juan de Castilla, posiblemente obras narrativas de corte histórico o costumbrista.

La conmemoración de su aniversario debe servir para darle a conocer, preservar su memoria,  y reconocer su labor. No es tarea fácil conseguir sus obras, pues buena parte de ellas están descatalogadas. La última edición de una de sus obras ha sido la realizada a la considerada una de sus mejores obras Cantabria publicada por el Ayuntamiento de Santander, en los albores del centenario de su fallecimiento.

La conmemoración de este 75º aniversario no es solo un homenaje a su figura, sino un acto de justicia cultural. Es momento de que las administraciones y entidades culturales aprovechen para  reeditar, estudiar y difundir su obra, para que don Vicente Pereda y Revilla ocupe el lugar que merece en la historia de nuestras letras.  Este mes de mayo se cumple el setenta y cinco aniversario del fallecimiento de don Vicente Pereda y Revilla, hijo menor de nuestro ilustre novelista José María de Pereda.  A pesar de vivir bajo la prolongada sombra literaria de su padre, don Vicente fue también un autor prolífico que cultivó diversos géneros: novela, ensayo, teatro e incluso poesía. Su obra, aunque menos conocida, merece un lugar en la memoria literaria de Cantabria.

La efeméride ha sido recordada por la Sociedad Cántabra de Escritores (SCE), que, con motivo del Día de las Letras Cántabras -celebrado el 19 de febrero, fecha elegida por coincidir con la festividad del santo Beato de Liébana, considerado el primer escritor cántabro documentado-, aprovecha esta ocasión para rescatar del olvido a escritores vinculados a Cantabria que han contribuido al desarrollo cultural de la región. Esta labor de recuperación se centra en autores cuya efeméride se corresponda con múltiplos de veinticinco años (25, 50, 75, 100, etc.).

Cada año, la SCE realiza un extenso homenaje a estas personalidades de las letras, ofreciendo un compendio de su vida y obra, así como una lectura pública de algún texto seleccionado. Tuve el honor de ser invitado por la SCE -bajo la delegación de su nieto, José María- para representar a don Vicente Pereda, leyendo un texto de una de sus obras. Escogí el extracto II “Las campanas del destino”, de su obra Arco Iris. Otra opción disponible era leer un fragmento de su obra Cantabria, considerada la primera novela histórica sobre las Guerras Cántabras.

D. Vicente de Pereda nace en Santander en 1881. Fue el menor de siete hermanos; creció entre Polanco y Santander, al igual que había vivido su padre. En palabras de D. Sixto Córdova y Oña que cita la redondilla que  Sinesio Delgado escribió en el semanario el “Madrid Cómico”, refiriéndose a J.Mª de Pereda:

                               “Montañés sencillo y franco

                               que no cesa de correr

                               de Polanco a Santander

                               de Santander a Polanco”

D. Vicente Pereda estudió bachiller en Santander y derecho en Deusto, aunque nunca ejerció la abogacía. Se casó con Joaquina Torres Quevedo Allport, sobrina del ingeniero  e inventor, con quien tuvo nueve hijos. Siempre estuvo vinculado a Polanco, donde en 1913 reformó la casa  familiar, en la que había nacido su padre, y que utilizó como residencia. A mediados de los años veinte, la familia estableció su residencia en Madrid, aunque frecuentemente continuaban viniendo a Polanco. En Madrid hizo amistad con muchos escritores,  la mayoría conocidos en las tertulias que frecuentaba en el Ateneo, aunque muchos otros los conoció gracias a la amistad que mantenían con su padre.

Tanto en Madrid como en Polanco continuó su labor literaria que, como expuse anteriormente, fue muy extensa y variada. Dicha actividad literaria la abandonó tras la Guerra Civil, al perder en ella a su hijo José María.

Don Vicente falleció el 29 de mayo de 1950, cuando, al parecer, se encontraba preparando el viaje a Polanco para pasar aquí el periodo estival. Serán sus hijas quienes continúen con la tradición familiar de acercarse a la casa solariega de Polanco a lo largo del año, especialmente durante el verano.

Hijas de D. Vicente Pereda: Isabel, María,  Tea (sobrina), María Fernanda, Mª Cruz y Ana.

Personalmente, no llegué a conocer a sus hijos varones -José María, Luis y Juan-, quienes fallecieron a edades tempranas, ni a su hija Sol, casada con el capitán y abogado Felipe García-Mauriño, que se exiliaron en México tras la Guerra Civil.

Sí tuve la fortuna de conocer al resto de sus hijas: María Fernanda, María Dolores, Ana, Isabel y MariCruz. Todas ellas fueron asiduas visitantes y muy vinculadas a Polanco, donde gozaron de gran simpatía entre el vecindario por su amabilidad, cordialidad y filantropía.

Solían venir acompañadas habitualmente por su prima María Teresa Rivero Pereda, “Tea”, hija de Enrique Rivero y de María, la única hija que tuvo José María de Pereda.

MariCruz, la menor de las hermanas, falleció en 2006, cuando conmemorábamos el centenario del fallecimiento de su abuelo. Nos dejó como legado la letra del Himno a Polanco, cuya música fue compuesta por Federico Ceballos Horna.

Su vida y obra nos muestran a un hombre sensible, cultivado y profundamente marcado por su entorno familiar y por los acontecimientos históricos de su tiempo. Además de su legado  literario, nos dejó muestra de su interés social y su inclinación por la naturaleza. En 1904 creó el Sindicato Agrícola de Polanco, construyéndose su sede en el lugar actual del  barrio El Hondal, en 1911, siendo su primer presidente. Este hecho da cuenta de su carácter emprendedor y de su voluntad de mejora para el mundo agrario En 1930 con la publicación de  su libro Cotos forestales de previsión expresó sus inquietudes sociales y agrícolas y su deseo de promover la repoblación forestal.

En el ámbito literario, fue un autor sumamente prolífico, con una producción marcada por una diversidad temática que abarca desde la autobiografía hasta el ensayo social y filosófico, pasando por la poesía y la narrativa. Entre alguna de sus obras más destacadas se encuentra 50, un texto de carácter autobiográfico en el que se refleja su visión íntima de la vida y su evolución personal. Otras obras relevantes dentro de su producción incluyen Sociología y Cristianismo, donde examina la relación entre los valores religiosos y la estructura social; La vejez, ensayo reflexivo sobre la última etapa de la vida y el Viejo poema, una emotiva composición dedicada a su padre. Asimismo, abordó temáticas diversas en títulos como Esqueletos de oro, centrado en el mundo de la diplomacia; La Hidalga fea y Juan de Castilla, posiblemente obras narrativas de corte histórico o costumbrista.

La conmemoración de su aniversario debe servir para darle a conocer, preservar su memoria,  y reconocer su labor. No es tarea fácil conseguir sus obras, pues buena parte de ellas están descatalogadas. La última edición de una de sus obras ha sido la realizada a la considerada una de sus mejores obras Cantabria publicada por el Ayuntamiento de Santander, en los albores del centenario de su fallecimiento.

La conmemoración de este 75º aniversario no es solo un homenaje a su figura, sino un acto de justicia cultural. Es momento de que las administraciones y entidades culturales aprovechen para  reeditar, estudiar y difundir su obra, para que don Vicente Pereda y Revilla ocupe el lugar que merece en la historia de nuestras letras. El Ayuntamiento de Polanco no debiera ser indiferente a esta efeméride.

                                                                                                            Tino Barrero.