Asociación Sociocultural Polanco
miércoles, 4 de noviembre de 2026
sábado, 7 de marzo de 2026
LAS MARZAS: Cantamos, rezamos o nos vamos...
Tino Barrero.
Va despidiéndose febrero y, mientras el invierno
apura sus últimos días, los marceros o marzantes -que indistintamente se
denominan- afinan ya los preparativos: pañuelo al cuello, gorra bien calada y
vara en la mano. Desde semanas atrás resuenan los ensayos: voces que se
calientan, armonías que se ajustan, coplas que se repasan hasta que el
repertorio cobra cuerpo y memoria.
Cuando el calendario marca la última noche de
febrero y amanece el primero de marzo, se renueva el ritual. Las cuadrillas
salen de ronda por calles y barrios entonando las marzas,
cantos petitorios que anuncian la inminente llegada de la primavera. Son una
llamada al buen tiempo, a la luz que regresa, a la tierra que despierta.
La tradición hunde sus raíces en un pasado
remoto. Algunos estudios la sitúan en épocas prerromanas y le atribuyen
ascendencia celta, vinculada a la celebración de los ciclos de la naturaleza y
al renacer del campo. Con el paso de los siglos, aquella costumbre pagana se
impregnó de influencia cristiana. De ahí que ciertas marzas -como Los
Sacramentos o Los Mandamientos de amor-
presenten un marcado carácter religioso, perceptible también en muchos versos
de agradecimiento y despedida.
La reforma del calendario juliano, que incorporó
los meses de enero y febrero, junto con esa impronta religiosa, pudo propiciar
que en algunos lugares las marzas pasaran a cantarse en Navidad, Año Nuevo o
Reyes. Esta variante arraigó especialmente en el norte peninsular, en Cantabria
y el norte de Burgos. Sin embargo, como señalan Duque y Merino, las auténticas
marzas son las que se entonan en la última noche de febrero: aunque todas
comparten su carácter petitorio, los cantos navideños pertenecen al ámbito del
villancico y los donativos recibidos son propiamente aguinaldos.
Las referencias escritas más recientes se
remontan al siglo XIX. Autores como José
María de Pereda y Amós
de Escalante describieron escenas de rondas, especialmente las
celebradas en Nochebuena. Con todo, si durante años la costumbre de cantarlas
en Navidad o incluso en Cuaresma estuvo extendida, hoy la tradición se ha
replegado a su fecha más genuina: la última noche de febrero y el primero de
marzo, cuando la voz colectiva vuelve a abrir la puerta vista a la primavera.
Esta longeva tradición sufrió un paréntesis a
partir del primer tercio del siglo XX, con motivo de la Guerra Civil y la
posterior etapa franquista. Su canto persistió gracias a agrupaciones como el Coro Ronda Garcilaso y el Coro Ronda Altamira, así
como a algunos grupos campurrianos que actuaron en escenarios o a través de la
radio, pero la ronda callejera decayó casi por completo. Fue recuperada a
finales de la década de 1980 y hoy la interpretan hombres y mujeres de todas
las edades. Ataviados con boina y pañuelo, distribuyen entre sus miembros
distintos papeles: bolsero, cestero, faroleros, campaneros o botero, figuras
casi imprescindibles en cada ronda.
Pese a su estructura organizada y a la existencia
de repertorios consolidados, la investigadora Enma M.ª Blanco Ruiz -autora que
ha estudiado las marzas de Polanco- no las considera un espectáculo, sino un
ejemplo claro de “endofolklorismo”, es decir, una manifestación cultural
orientada al redescubrimiento y reafirmación de las propias raíces
comunitarias. Se diferencian así de corales y orfeones que apuestan por
versiones polifónicas y puestas en escena más elaboradas, con fines principalmente
artísticos.
Lo que no se puede negar a las marzas es su
carácter cortés y noble. Antes de comenzar la ronda se pide licencia a la
autoridad y, una vez concedida, los marceros recorren calles y barrios. Se
acercan a las viviendas con cortesía y respeto, llamando y pronunciando la
fórmula tradicional: “Cantamos, rezamos o nos vamos”. Tras el canto y el
recibimiento del “dao” -que son los donativos u obsequios que entrega el dueño
de la casa a los marceros- entonan el agradecimiento a sus habitantes y,
posteriormente, la despedida. No obstante, el grupo marcero también reserva un
canto para aquel vecino mal encarado que los recibe con desagrado o tiene fama
de tacaño: la marza Rutona, cargada de tono satírico e irónico. En realidad,
esta marza no suele cantarse a ningún vecino en concreto, pero sí se interpreta
como representación, formando entonces, ahora sí, parte del espectáculo.
Su profundo arraigo ha merecido también
reconocimiento institucional. Las marzas, junto al rabel y los bolos, han sido
declaradas Bien de Interés Cultural Inmaterial con el propósito de protegerlas,
apoyarlas y garantizar su continuidad como patrimonio vivo. En el acto de
declaración participaron, en representación de las marzas, la Ronda Marcera de
Torrelavega, el Coro Ronda Altamira y la Ronda Marcera de Polanco representando
al ámbito rural que ese año cumplía el veinticinco aniversario de su puesta en
escena.
Hoy el reto no es otro que procurar su
pervivencia: que sigan resonando en calles y plazas y permanezcan vivas en el
imaginario colectivo como anuncio festivo de la primavera y símbolo de
identidad compartida entre los pueblos cántabros.
Al haber caído el último día de febrero en sábado, la licencia se ha pedido al cura que nos esperaba en la ermita de San Roque en Posadillo, de donde la ronda ha partido por los diversos barrios del municipio.
DÍA 28 DE FEBRERO (Sábado): A las 19,20
horas, se pide licencia al Sr. Cura en la ermita de San Roque en Posadillo.
Recibida la licencia se recorrerá Polanco y Rinconeda.
DÍA 1 DE MARZO (Domingo): A partir de
las 19,30 horas la ronda marcera actuará en Soña, Rumoroso, Mar y Requejada.
EL CONVENTO DE LA MILAGROSA SIEMPRE FUE PLAZA DE OBLIGADO DESEO EL CANTAR UNAS MARZAS.
36 años consecutivos parando a saludar y cantar unas marzas
a las monjas del Colegio La Milagrosa de Polanco. Una parada muy grata dentro
de la ronda: atemperábamos el frío, éramos recibidos con amabilidad, la
acústica resultaba mejor que en la calle... Y nos era grato aprovechar para
saludarlas.
36 años, año tras año, son muchos años. A todos los
marceros que han ido pasando en las sucesivas rondas, les ha quedado un grato
recuerdo. Sin duda alguna, las echaremos en falta... Ya las estamos echando en
falta.
Paradójicamente, por la complicidad existente, ha sido
el colegio uno de los poquísimos lugares donde hemos cantado la Rutona,
conscientes de que se lo sabían tomar a bien.
Marza Rutona
viernes, 6 de marzo de 2026
viernes, 16 de enero de 2026
martes, 30 de diciembre de 2025
GRAN ÉXITO EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO "EL DESAFÍO DE LA CASA DEL SOL NACIENTE"
Un libro que
marca una etapa singular de la historia local polanquina: un tercio de siglo, tendido
como un puente entre los últimos resplandores del XX y las
primeras luces del XXI.
Una obra que roza
el ensayo. Pero que es, sobre todo, como una crónica testimonial, como memoria
que se pronuncia y se salva.
En el territorio educativo, la Escuela
de Adultos emergió como una promesa
plenamente cumplida: una iniciativa nueva, audaz y revulsiva que abrió caminos
donde antes no los había.
El libro se
acompaña de las primeras revistas “Desafío” elaboradas de manera artesanal, muy naif, con un carácter ingenuo. Editadas desde la propia Escuela de Adultos con fines didácticos y que observando hoy en
retrospectiva constituyen son una auténtica crónica del municipio de Polanco y sus gentes.
Con este libro, la Escuela de Adultos polanquina queda recogida en testimonio escrito, negro sobre blanco, para que su existencia y su legado no se pierdan ni caigan en el olvido. Fue, sin duda, uno de los hitos más significativos de nuestra historia municipal: el broche con el que se cerró el siglo XX y, al mismo tiempo, el impulso ilusionante con el que comenzaron las primeras décadas del siglo XXI. Un auténtico revulsivo social, cultural y educativo que dejó una huella profunda en la vida del municipio.
En la presentación del libro, cuyo título ya invita a la metáfora, me acompañaron muchos vecinos y vecinas, a quienes desde aquí reitero mi más sincero agradecimiento. La presentación la hizo Laura Ruíz Rivas, compañera, colega, amiga y también vecina, y la parte musical, inspirada en la mítica La casa del sol naciente de The Animals, corrió a cargo del dúo Los Cuates.
La portada del libro es una pintura de nuestra excelente artista y vecina Eva Palacios; siendo la fotografía de la contraportada realizada por otro vecino, Marcelino Álvarez Teruel. La edición ha sido cosa de la editorial Los Cántabros, dirigida por el vecino Carlos Gustavo Alutiz. Vamos, que todo queda en casa.
Y no es casualidad: desde el principio, el proyecto ha querido apoyarse en la gente del barrio, poner en valor lo que ya tenemos y activar nuestros propios recursos. En el camino, se ha ido tejiendo algo tan importante como la cohesión social y la fe en la formación y motivación de logro.
jueves, 11 de diciembre de 2025
III EDICIÓN DEL CONCURSO DE RELATOS CORTOS
“TREMERUCO – GEOPARQUE COSTA QUEBRADA”
Tema de este año: “La infancia en la prehistoria de Costa Quebrada”
BASES DEL CONCURSO
El Concurso tiene como objetivo divulgar y poner en valor la belleza de Costa
Quebrada, orgullo y joya del patrimonio natural de nuestra región, reconocido como
Geoparque Mundial de la Unesco en abril de 2025. En su singular paisaje han de volar las
musas, con intención de estimular la imaginación, la expresión escrita y la colaboración
dentro el aula de cuantos escolares deseen participar.
Invitamos a la comunidad educativa a desatar los vientos de la curiosidad, la
investigación y el trabajo en equipo de su alumnado, para que cada escritor ice las velas
buscando la mejor historia que contar. El ganador logrará un botín para toda su aula.
El Concurso está organizado por la Asociación Sociocultural Polanco y cuenta con la
colaboración del Geoparque Costa Quebrada y la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de
Polanco.
BASES:
1. Participantes: alumnado de Educación Primaria.
2. Dos niveles. Nivel 1: de 6 a 8 años; Nivel 2: 9 a 12 años
3. Idioma: castellano
4. Tema: “La infancia en la prehistoria de Costa Quebrada”
Los cuentos aludirán a algún lugar del entorno de Costa Quebrada en la Prehistoria,
desde el punto de vista o tomando como protagonista a un niño/a. Pueden ser fantásticos,
realistas, de humor, policiacos, románticos o de cualquier género que te inspire ese entorno
maravilloso.
5. Han de ser originales y no publicados o premiados anteriormente, ni estar
pendientes de resolución en cualquier otro concurso.
6. Escritos en formato Word, con un mínimo de dos páginas y un máximo de cuatro,
por una cara y a doble espacio (Interlineado doble) y letra Arial/Times New Roman de 12p.
Márgenes laterales, superior e inferior de 2 cm. En el encabezado aparecerá el título del
cuento y un pseudónimo. Nunca, el nombre del autor.
7. Cada alumno podrá presentar un único trabajo.
8. Las obras se presentarán, bajo el sistema de plica, por correo electrónico a la
siguiente dirección:
Asociacionsocioculturalpolanco@gmail.coma
9. SISTEMA DE PLICA:
En el asunto del mensaje se especificará “Concurso de cuentos” y la modalidad a la
que se presenta: “Concurso de cuentos Nivel I” o “Concurso de cuentos Nivel II”
Para asegurar el anonimato del autor, se deberá adjuntar dos ficheros: uno, con el cuento
con título y seudónimo. Y otro, con la plica conteniendo los datos del autor, del siguiente
modo:
-Un archivo con el CUENTO en su interior, con título y pseudónimo, que también
aparecerán en la denominación del archivo. El nombre del archivo tendrá el siguiente
formato: 1-Modalidad-Título del cuento-pseudónimo. El contenido del archivo, en
formato Word, se ajustará a las normas de formato y extensión explicadas en el punto 6.
-Otro archivo con la PLICA. El nombre de archivo: 2-PLICA-título del cuento-
seudónimo. En su interior, un documento Word encabezado nuevamente por el título y
pseudónimo, para concretar a continuación los datos del autor:
Nombre y apellidos, edad
Colegio, curso y aula
Domicilio
E-mail y teléfono de contacto
10. Fechas de presentación: las obras podrán presentarse del 16 de enero al 31 de marzo
de 2026.
11. El Jurado estará compuesto por miembros de la entidad organizadora y
colaboradoras del concurso.
12. Premios: Se fomenta la colaboración y el trabajo en grupo. Por eso, el ganador será
reconocido con un diploma y logrará un premio para toda su clase:
Nivel I: “Un día en el Geoparque Costa Quebrada”. Excursión para toda la clase, conociendo
Costa Quebrada; trofeo de El Tremeruco y diploma para el ganador.
Nivel II: “Un día en un Geoparque”. Excursión para toda la clase para conocer otro de
los Geoparques de la Red Española de Geoparques; trofeo de El Tremeruco y diploma para
el ganador.
13. La entrega de premios tendrá lugar el día 27 de mayo (miércoles), a las 18
horas en la biblioteca municipal “José Mª de Pereda” de Polanco.
martes, 9 de septiembre de 2025
ADIÓS A LAS MONJAS
DE POLANCO.
Por Tino Barrero.
Se marchan las monjas de Polanco. Su partida dejará un profundo vacío en el
alma del pueblo, no en vano han estado presentes durante más de 120 años, creando
vínculos que van más allá de la enseñanza. El Colegio La Milagrosa, toda una
institución, ha contribuido de forma decisiva a forjar la identidad local,
siendo sus monjas parte del paisaje humano, parte del “paisanaje”.
Colegio La Milagrosa
Las primeras Hermanas llegaron a Polanco en septiembre
de 1903, para hacerse cargo de una escuela de niñas fundada muchos años antes
bajo el patronato familiar del insigne novelista polanquino José María de
Pereda. La modesta escuela, habilitada también como residencia para las tres
primeras religiosas, ofrecía enseñanza gratuita a muchas niñas, algunas de las
cuales, por carecer de medios o vivir lejos del colegio, también recibían allí
la comida diaria.
Gracias a una generosa herencia recibida del
polanquino Mateo Gómez Menocal (1817-1900), quien hizo fortuna en Guatemala y
cuyos restos descansan en el baptisterio de la capilla del colegio, se pudieron
acometer ampliaciones: se construyeron nuevas aulas, una residencia para las
religiosas y, en 1912, la capilla. El creciente número de alumnas motivó la
llegada de nuevas hermanas, y la escuela pasó a denominarse Escuela de la
Milagrosa.
El 1 de octubre de 1913, según me anota sor Manuela, la Visitadora Sor Josefa Bengoechea, el director Padre Eladio
Arnaiz y José María de Pereda (hijo del novelista), como patrón, firmaron un
nuevo contrato por el cual seis Hijas de la Caridad se hacían cargo de la
dirección del colegio, bajo la advocación de la Virgen Milagrosa, en su labor
moral e intelectual.
En 1924, los hijos del escritor constituyeron la Fundación Benéfico-Docente "Colegio de la Milagrosa", siendo su primer patrón Don Vicente de Pereda de la Revilla. A su fallecimiento, la responsabilidad pasó a su hijo, Luis Pereda Torres Quevedo, quien finalmente donó la Fundación a la Comunidad, con autorización del Ministerio de Educación el 7 de noviembre de 1951.
El colegio siguió creciendo. En 1957, ante el notable
aumento de matrícula, se construyó una nave de dos plantas para mejorar la
atención a las alumnas y acoger a numerosas internas. En ese momento, la
comunidad religiosa contaba con 10 Hermanas y el colegio albergaba a unas 400
niñas, internas y externas.
En 1977, se construyó un pabellón cubierto que, además
de proteger a las alumnas de la lluvia durante los recreos, servía como espacio
para las clases de gimnasia y diversas actividades culturales. Aquel salón
amplio, con su escenario, dio mucho juego a lo largo de los años. En 1979,
desapareció el internado. Hasta bien entrada la década de los 70, fue un centro
exclusivamente femenino: los niños solo podían asistir hasta hacer la Primera
Comunión, a los siete años. El colegio, bajo Concierto Educativo con el Estado,
continúa hoy su labor docente con Educación Infantil y Primaria.
Pero más allá de la educación, las monjas han estado
profundamente imbricadas en la vida social del pueblo. Nunca vivieron
apartadas; conocían a sus vecinos y eran conocidas por ellos. Participaron
activamente en la vida cultural del municipio: prestaron sus instalaciones para
representaciones teatrales organizadas por el ayuntamiento y la Obra Social de
la Caja de Ahorros de Cantabria,
ofrecieron su salón de actos al Consejo de la Tercera Edad cuando este carecía
de un local adecuado, colaboraron con la Asociación Sociocultural de Polanco
cediendo espacios para vestuario, maquillaje y salida de la Cabalgata de Reyes,
y permitieron el uso de sus pistas deportivas fuera del horario escolar. Año
tras año, han venido recibiendo con alegría a la Ronda Marcera.
Tampoco olvidaremos su solidaridad en las inundaciones
de 1983 y 1986, cuando prestaron su ayuda desinteresada a las familias
afectadas.
Por sus aulas han pasado generaciones de polanquinas y
polanquinos. Muchos de nosotros guardamos recuerdos entrañables de aquellos
primeros años de infancia: La pizarra, el pizarrín, el babi negro, el cuello de
plástico que apretaba el gaznate… Yo, personalmente, no puedo olvidar a Sor
Juana Oliva, mi maestra, entre los 5 y 7 años. Tenía ya unos 75 años, siempre con una
toquilla sobre los hombros y el característico cornette de las Hijas de la
Caridad, mirando por encima de las gafas que descansaban sobre la punta de su
nariz. Fue una de las primeras hermanas que llegaron al colegio, donde falleció
en 1970, a los 85 años. También Sor Encarnación Ferradán, de edad similar, con serenidad,
cariño y sensibilidad me enseñó a escribir en las ausencias de Sor Juana. Ambas
dedicaron su vida entera a la enseñanza, con una paciencia y un cariño que
nunca olvidaré.
A pesar del elevado número de alumnos por aula, muchos de nosotros aprendimos a leer, escribir con soltura y dominar las cuatro operaciones básicas. Recibíamos dulces, caramelos, y el llamado "pan de ángel", restos de las obleas para la misa. Aquellos pequeños gestos contenían una inmensa ternura.
Las últimas siete Hermanas de la Caridad en la misa de despedida el 7 septiembre
Sor Mari Luz (superiora), Sor Neluca, sor Margarita, Sor Puri, Sor Isabel, Sor Vicente y Sor Adelaida.
Hoy, al anunciarse su marcha, sentimos un profundo agradecimiento y una honda nostalgia. Las monjas han sido historia viva de Polanco. Se las echará de menos, se las recordará con cariño, y su huella quedará para siempre en la memoria colectiva del pueblo.
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